
Muchas veces nos preguntamos cómo se adquiere el lenguaje, cómo somos capaces de aprender a hablar, si el lenguaje es innato o adquirido.
Una mínima reflexión es suficiente para convencernos de que el lenguaje es innato y adquirido al mismo nivel. El lenguaje no se hereda como tal. Un niño nacido de padres rusos pero educado en un entorno español, desarrolla el español y no el ruso.
Queda claro también que ningún lenguaje podría comprenderse, producirse o adquirirse, de forma general, aún en condiciones de entorno excelentes, sin una disposición anatómica y neuropsicológica particular que se articula sobre una base hereditaria, aunque los órganos no puedan desarrollarse hasta la madurez sin que intervengan las estimulaciones, el funcionamiento y el medio adecuado. Es por ello que el lenguaje es al mismo tiempo heredado y adquirido.
Varias capacidades fundamentales para la práctica lingüística son, sin duda, en buena parte hereditarias. Se trata de una capacidad asociativa, en la que están implicadas las asociaciones significado – significante que se encuentran en la base del signo lingüístico.
De una segunda capacidad de categorización, la cual, permite el parcelado de la realidad en un cierto número de categorías que se corresponde con las clasificaciones léxicas y semánticas.
Y una última capacidad de análisis secuencial y de linearización que autoriza la combinación de los elementos verbales según las secuencias privilegiadas de las lenguas. Leer más